Soy una serpiente que muda de piel cada verano. Pero a diferencia de las serpientes comunes, esta que soy yo requiere cambiar de espacio para soltar la piel, no puede hacerlo en el mismo sitio. Porque no se trata de pedazos de piel desprendiéndose espontáneamente y quedando como cáscaras en el camino. Es diferente. Esta serpiente se saca la piel en pequeñas tiras, que no se despegan facilmente hasta que no sienten la sal de otro aire. Esa sal se pega de la piel nueva -siempre débil- y forma una capa luminosa que la fortalece.